martes, noviembre 20, 2007

El alter ego detrás del “nic”

El otro día buscando algunos papeles antiguos, me encontré con una caja llena de “papeles que me podrían servir” algún día; por supuesto ese día aún no ha llegado y sigo guardando basura, por que eso es lo que es, pero igual la revisé. Pruebas, fotocopias, algún escrito de cuando me creía escritor (como muchos) y un reportaje relacionado a lo que en esos días se planteaba como un “fenómeno”...el conocer gente por medio del MSN o cualquier otro sistema de mensajería instantánea, y los problemas y ventajas que esto traía para los usuarios.

En nuestro país es cada día más común que los jóvenes se encuentren en este espacio virtual, decía el reportaje, llegando incluso a crear lazos sentimentales entre muchas parejas que sólo se conocen por medio del MSN. Nada nuevo ni menos alarmante por estos días (salvo horrorosas excepciones). La utilización de estas herramientas de comunicación, permiten que podamos adoptar otras personalidades, algo así como un alter ego, que eventualmente se podría transformar en una desviación de la personalidad. Hasta ahí, lo que leía me parecía más de lo mismo y extremista, pero de todos modos me hizo pensar en eso de las “otras personalidades” que se podrían adoptar y me di cuenta de que no es necesario utilizar estas herramientas para que eso suceda...el medio descubrimiento (podrá decir mi critico lector), pero es tan común, que muchas veces no le prestamos atención a esas “pequeñas” personalidades ocultas tras los ceros y unos de este cada vez más real mundo virtual.

Es cosa de ponerse a mirar a nuestro entorno para darnos cuenta que muchos son los “personajillos” que se ocultan detrás de la pantalla del computador para escribir cuanta reflexión profunda pasa por sus brillantes mentes creativas; elucubraciones tan profundas e importantes que lamentablemente no podemos ocupar o emular, ya que el autor es desconocido, y de él muchas veces sólo conocemos su “alter ego” o si lo queremos, su “nic”.

Y saben, no son pocos estos nic’s que andan dando vueltas, tanto en el mundo real como en el virtual. Recuerdo que cuando trabajaba en un medio de comunicación, llegaba mucha gente enojada y molesta por algo que ellos consideraban injusto; por lo tanto querían hacer una declaración denunciando a quien ellos consideraban los había perjudicado. Los entrevistaba, los escuchaba y les grababa, pero todo se podría cuando les pedía sus nombres...”es que no quiero que mi nombre aparezca”, entonces...no se publica y ahí me transformaba en un nuevo agente agresor digno de ser denunciado por otro medio que acogiera su denuncia. Y algo muy similar ocurre con las “net”. Cuantos de nosotros nos hemos enterado de estupideces, pelambres, envidias, etc, por medio de correos electrónicos masivos enviados sin remitente; que, además, eventualmente si se conoce algún remitente, este alega inocencia con el “a mi me lo enviaron y lo reboté”. También están esos otros personajes que se escudan tras un “nic” para insultar a cuanto cristiano no sea de gusto (de preferencia autoridades de cualquier rango). Pero saben, en realidad la cobardía que hay detrás de los “nic’s” o los correos masivos no tiene importancia (no podemos tratarles sus problemas de autoestima), sino que lo realmente molesto de eso, son los eternos párrafos que escriben, como queriendo demostrar el increíble número de palabras que manejan, y que resultan una lata...eso es aburrido.

Afortunadamente algo se me quedó de las enseñanzas de mi gorda madre: “cuando hables con alguien, siempre míralo a los ojos. Y si vas a reclamar o a decir algo, dilo de frente...sino, es cobardía”.

martes, noviembre 13, 2007

El que quiso ser héroe

La otra noche salí a comer con un grupo de amigos. La verdad es que este tipo de “actividades sociales” no son muy de mi agrado, pero en vista de la insistencia de algunos y la siempre necesidad de estar en contacto con la gente, acepte la invitación, pero con una condición perentoria: no comer en ningún lugar de los llamados “top”, que son los mismos a los que muchos van no por lo sabroso de la comida o por la buena atención, sino que sólo van porque es “ahí donde tienes que comer”. Increíblemente, mis amigos aceptaron.

Cerca de las nueve de la noche me pasaron a buscar y partimos a un local “low perfil”, pero de muy buena calidad. Mientras esperábamos la comida degustando un buen vino tinto (alguien dirá que el si vas a tomar vino de aperitivo, este tiene que ser blanco y la temperatura exacta…ni ahí, es cosa de gustos). Bueno, en eso estábamos cuando alguien se acordó de la última conversación sostenida en estas mismas instancias, conversación que hace un tiempo les conté, esa de donde salió el “síndrome Tomicic”…o sea, volvimos a hablar de televisión, pero esta vez nos enfocamos en la publicidad que por sus pantallas se emite.

Partimos analizando la publicidad comercial, esa que intenta venderte algún producto apelando a las tetas o potos de mujeres (perdón por las expresiones un tanto coloquiales, pero así hablamos una gran mayoría… ¿o no?). Lo que nos llamó la atención de este tipo de publicidad no es nada nuevo, lo mismo de siempre, así que no me voy a extender en este punto. Lo segundo que nos llamó la atención a varios, fue el hecho de que la publicidad actual esta apelando a los sentimientos, a esa tan manoseada inteligencia emocional. Quieren hacernos creer que so tomamos tal vino, podremos ser más amigos de nuestro viejo; si compramos en tal supermercado, seremos un chileno reconocido ya que esa mega tienda de comidas y otros, se preocupa de nosotros. Tampoco nada nuevo. A esa altura ya había llegado la comida. La estábamos probando, cuando en una mesa cercana, lugar ocupado por una pareja, sentimos una leve discusión que con los minutos se fue tornando más delicada y más ruidosa. Como todo buen chileno, decidimos mirar para otro lado, hacer como que nada pasaba y seguimos comiendo, pero un amigo con características extranjeras (o sea, no dejo que las cosas pasaran a mayores) se levantó de la mesa con la clara intención de intervenir en la discusión que en cualquier momento podía pasar a mayores. Otro comensal más relajado le dijo que no se metiera, que se calme y se siente, porque podría verse envuelto en problemas. El héroe de la jornada recapacitó y se sentó. Preguntó por qué podría tener problemas él. Mira, si vas a la mesa, el tipo que ya esta exaltado, fácilmente te pude dar un puñetazo, al que tu responderías, la mujer comenzaría a gritar, nosotros también tendríamos que intervenir, y le cagaríamos la comida a todos los del local. Después, el tipo podría acusarte de asalto y agresiones, te llevarían detenido, y como en todo, nadie declararía a tu favor, porque obviamente, “nadie vio nada”, excusa perfecta para evitarse ir a declarar en caso de ser citado. La pareja se iría y nosotros quedaríamos, como quien dice, marcando ocupado.

Analizada la situación, decidimos quedarnos tranquilos y afortunadamente la pareja, la parecer, se reconcilio y siguieron la velada en paz. Luego de un rato alguien toco el tema de violencia entre las parejas, a raíz de la situación vivida, y como en todo, no descubrimos nada nuevo, el tema pasa por un cambio cultural de todos nosotros. Un cambio que ya se esta dando, y en eso todos estuvimos de acuerdo, pero también coincidimos en que deben confluir varios elementos para que todo funcione bien, porque como alguien preguntó, ¿qué pasa si peleo con un tipo que le esta pegando a una mujer, y resulta que luego el mismo tipo me demanda por agresiones y la mujer, para evitarse más problemas, no dice nada…me llevan detenido a mi? ¿Y el tipo…qué pasa con él?, la respuesta fue unánime: “filo, hay que meterse igual. Evitar que pase algo peor…lo que pase después, ahí se verá”. En fin, Seguimos analizando el tema y nos olvidamos de la televisión y la publicidad.

miércoles, noviembre 07, 2007

El Woody


La otra tarde, sin saber porque, me sentí con la necesidad de ver una película de Woody Allen, pero no cualquier película, sino que “Match Point”, una de sus últimas producciones, la misma que deje de ver un día en Valdivia por preferir “300”. Bueno, la cosa es que busque en mi video club (o debo decir mi dividi clab) la película en cuestión, y con esa suerte que me caracteriza, obviamente no estaba. Enojado y acordándome de la madre tierra que vio crecer a mi hermoso país, me fui a la casa “rumiando mi rabia”, como dice mi gorda madre. Pero los dioses se apiadaron de mi y me premiaron con no solo una, sino que tres películas del maniático director, personaje que me ha entregado tantas buenas películas, que lo he llegado sentir como un cercano, como un amigo, el “güdy po’...”. Bueno, como les decía, ese día me senté, luego me acosté, frente al televisor y vi de corrido las tres películas: Los secretos de Harry, Hannah y sus hermanas (1986) y (una de mis favoritas) Manhattan (1979)...como verán, una sobredosis de manías, miedos y trancas psicológicas, pero de las buenas, de las mejores.

Luego de ver esa sobredosis de paranoias (a eso de las 2 de la mañana), me levante rumbo a un lugar tranquilo a meditar sobre lo que había visto y me di cuenta que hemos involucionado más que involucionado en varios aspectos...¿por qué lo digo?, me explico: Manhattan, es la historia de un escritor divorciado que sale con una quinceañera pero se enamora de la amante de su amigo, y cuando decimos que SALE-CON-UNA-QUINCEAÑERA, debemos entender que sale y SE-ACUESTA-CON- UNA-QUINCEAÑERA, o sea...hay escenas de “alcoba” como diría algún siútico. Frente a eso me puse a pensar que en 1979 no era censurable ni menos preocupante que un adulto se involucrara con una menor (en el cine por supuesto), pero ahora, una trama como esa ni siquiera pasaría nuestro progresista consejo de calificación cinematográfica. Por qué, porque creo que en varios aspectos nos hemos puesto mas cartuchos y nos dejamos envolver por la maldad y la perversión que significa el morbo de ver y creer todo lo malo que los medios día a día nos inyectan como un sedante para no pensar, para no EVOLUCIONAR, y eso, de alguna manera, sin duda beneficia a alguien. Alguien podría decirme que las cosas son así, y podría estar de acuerdo, que hay imbéciles...los hay y por montones, pero porque a fines de los setenta y mediados de los ochentas no eran temas esos temas y uno podía libremente cintas como “El graduado”, “El profesor de piano” o la misma “Manhattan”, pero en fin, alguien podrá hacer una análisis más profundo del tema.

Con eso de pensar en 1979 y de tranquilizarme con que eso sólo pasa en el cine (en teoría), la realidad me cacheteó one more time, cuando escuché y luego leí a otro personaje, igual de pequeño e igual de paranoico que “el Güdy” , defendiendo la “objeción de conciencia”...¡LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA!, refiriéndose a las cadenas farmacéuticas y su negativa a vender la famosa píldora. Increíble, que un personaje como ése me estuviera hablando de objeción de conciencia, cuando él y muchos como él, por años fueron “opresores de conciencia”. Paradojas de la vida, pero en fin, es lo que hay y es lo que tenemos. Lo único que espero que esto de la objeción de conciencia valga para el servicio militar (que todavía es obliogatorio); para las elecciones (porque si mi conciencia me dice que no vote por A o B razón, no deberían multarme ¿o sí?) o para que muchos se puedan negar a realizar tareas que a sus juicios nos son correctas, pero como eso no va a pasar, seguiré viendo mis películas.