martes, enero 16, 2007

¡El avión, el avión!

Cuando pequeño, pasaba horas mirando al televisión. Sí, y no me molesta decirlo, hasta el día de hoy sigue siendo uno de mis grandes placeres. Recuerdo que eran varias las series de televisión que me apasionaban y que hasta el día de hoy trato de verlas cuando por alguna extraña razón las pasan en algún canal. El avispón verde, Centella, Mazinger Z, Meteoro, Astro Boy, y muchas otras; pero con el paso del tiempo hubo una serie que llamó profundamente mi atención (más que el Auto Fantástico) y ocupo varias de mis divagaciones mentales; esa serie era la Isla de la Fantasía, “estelarizada” por Ricardo Montalbán y Hervé Villechaize. La Isla de la Fantasía grabó seis temporadas entre 1978 y 1984, lo que dejó a sus personajes grabados en la memoria de muchos, en particular a "Tattoo", con aquel grito infame de “El avión, el avión”, repetido hasta el hartazgo por cualquier crianza de voz aguda cuando se divisaba algún objeto volador en el horizonte. La cosa es que en esa isla uno podía hacer realidad sus fantasías, por más excéntricas que estas fueran, y lo mejor de todo es que todas terminaban bien. Todos felices y con una copa de champaña.

Cuando pensé en radicarme en la región, quise saber más de ella, y como en cualquier parte los medios de comunicación de comunicación son como el reflejo de la sociedad, los revisé por Internet, y ¡sorpresa!, uno de mis sueños de niñez se había hecho realidad...la isla existía, y estaba en el extremo sur de mi propio país.

Con cada uno de los titulares mi alegría crecía. Todos los días el Gobierno invierte millones de pesos en esto, cientos de personas son capacitadas en aquello, siempre hay algún proyecto que lanzar o cerrar con sus respectivos asados, las autoridades preocupadas de buscar soluciones, todos los gremios conformes. Alcaldes, gobernadores, seremis, intendentes...todos, todos, felices y empeñados en dar confort y tranquilidad a los habitantes tan sufridos de esta zona extrema del país. En los medios nuca vi pobreza, problemas sociales, poblados sin luz, sin alcantarillado, nunca vi (como en otras partes) problemas de salud, de postas, de hospitales, de profesionales, nada de nada...¡Nada! En definitiva, esta sí era la Isla que andaba buscando. Llegué y por un tiempo fui parte de ella.

Ahora llevó tres años en la región, y mi Isla sigue ahí, pero sin fantasías, pero si como isla. Alejada de los problemas reales, ciega a las realidades rurales y sorda a los gritos de sus habitantes. Con avances, sí y muy importantes, pero con falencias graves. Pero como alguien dijo, me quedo con los titulares, por lo menos esos alimentan mis fantasías.

El eterno de la sonrisa blanca y el enano gritón...los buscan ustedes.

¡¡Derechos para los periodistas!!... ¿y para qué?

A uno de los “pilares” de la concerta lo echaron de manera autoritaria y estalinista, según algunos, lo censuraron según otros. Por otro lado las frases de moda de políticos y autoridades son “los fallos judiciales no se comentan” (cosa que todos hacemos), “las decisiones internas no son para comentarlas” y se escriben hasta reportajes de ellas; “no me voy a referir sobre el particular”...en fin, pareciera que cada día tenemos menos opiniones que expresar y lo que es peor, menos espacios donde poder expresarlas de manera libre e independiente. Como periodista joven, no tengo muchos recuerdos de la prensa en los años “verde olivo”, pero si tengo libros y los relatos de mis padres que me dicen que en aquellos años, se hacía un mejor periodismo, más comprometido, más profundo. Ejemplos como Análisis o los reportajes de Apsi están ahí, posibles de leer en las bibliotecas. Ahora, en plena democracia, vemos un periodismo más condescendiente y menos punzante. Vemos periodistas que no están dispuestos a opinar en sus reportajes o notas, por eso de la “objetividad”, concepto total y absolutamente debatible. Pero, si nosotros no opinamos, si no somos capaces de unir cabos, analizar y proyectarnos informativamente en el tiempo, estamos dejando de lado una pieza importante de nuestra profesión, la de contribuir al desarrollo de una sociedad libre e informada, capaz de tomar sus propias decisiones; porque no podemos “engrupirnos” con que con el sólo hecho de comunicar por medio de una nota, estructurada en forma de pirámide, contribuimos a nuestro desarrollo, ¡NO!, no lo hacemos, creo que sólo contribuimos a llenar las páginas de los diarios y en algunos casos a inflar el ego de algún personaje de nuestra fauna criolla, pero en fin, ese es otro tema.

¿A qué viene todo esto? Se preguntará el lector perspicaz y avezado. A nada en especial y a mucho en particular. Durante estos días y los próximos estará en el debate público el nuevo estatuto del periodista y muchos hablarán de la libertad de prensa, de expresión, del libre acceso a la información, qué se yo, pero si nosotros que trabajamos en los medios no somos capaces de ejercer esos derechos (deberes para mi), porqué debemos suponer que una ley o estatuto, como por arte de magia, mejorará el ejercicio de la profesión, o podremos estar más “protegidos”. El tema es que en una región como la nuestra, los periodistas podemos tener miles de leyes, estatutos, protecciones de libertad de prensa y de opinión, pero, y aquí viene el punto, si los dueños de los medios de comunicación siguen vetando personajes por temas personales, si esos medios siguen sin entregar información que “podría afectar” a algún empresario amigo, o dejar fuera esas declaraciones que pueden afectar a ese político tan comprometido con la región o simplemente siguen aplicando el criterio de que “si quiere salir, que pague”, de nada nos sirven los estatutos, leyes o protocolos que solo quedan en las buenas intenciones. Creo que el tema pasa por abrir el debate sobre el rol que cumplen los medios de comunicación en nuestra región y comenzar generar conciencia en el importante papel que deben cumplir los periodistas. En fin, dignificar la profesión, que cada vez esta más mal mirada. Como ejemplo de ello, basta ver como cualquiera se cree con el derecho de hacerlas de periodista y hay quienes van más allá y hasta editan notas y dicen como hacer el trabajo periodístico.

Probablemente alguien piensa de manera diferentes, e incluso se moleste, pero hay veces, quizás muy pocas, en que sí me gusta ejercer mi derecho (deber) de expresar algunas ideas de manera libre e independiente.

P.D: Como dato el estatuto el proyecto contempla perfeccionar regulaciones legales que permitan que el robustecimiento del derecho de acceso a la información de interés público y de la independencia moral e intelectual del profesional periodista una mejor delimitación de los derechos de los periodistas como el secreto profesional y la cláusula de conciencia y una serie de materias de orden laboral, como relaciones contractuales del periodista con sus empleadores, regulación de horarios, seguros para labores peligrosas y otros...saaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!!!!!!!!!.

¡Catástrofe, los plebeyos se revelan!

Varias son las cosas que llamaron mi atención en la pasada edición del Divisadero. La primera fue la defensa casi lacrimógena realizada por Hugo Araya, sobre las acusaciones de las que fue sujeto por atreverse de manera claramente desafiante a los cuatro jinetes de la Patagonia (hecho innombrable en los mares políticos de la región); la segunda, fue la inconcebible reacción del mismo plebeyo ante las deidades locales...cómo osó, en pleno régimen democrático, retirarse sin haber escuchado las buenas nuevas que la realeza había de darnos por intermedio de sus juglarescas rimas, o sea, ¡cómo se fue de una conferencia si sólo había esperado 23 minutos!, esa es sin duda una falta de respeto para los que están inmediatamente bajo el sol...y lo peor, no haber imitado la servil actitud de los demás juglares, que sin importar la nieve, el viento o la eterna espera (esa que es más larga que la de Penélope) en pos de un bien mayor, que es divulgar las buenas nuevas por todo el reino. (como dato de la causa, muchos de esos...funcionan con fichas).

La tercera cosa que llamo mi humilde atención de escribano, fue la auto-defensa realizada por otro plebeyo del reino quien fue duramente fustigado por el delfín del Sol, también por osar a dirigirse y mirando a los ojos al Honorable Parlamentario, de manera furibunda, a ojos de todos ¡una herejía castigada sólo con la hoguera!; (que este plebeyo sea el presidente de los escribanos y juglares del reino y que al mismo tiempo sea quien asesora las comunicaciones del gobierno, secundado por una gran mayoría de otros escribanos del reino, pueda suponer un conflicto de intereses, creo que lo podemos ver en otra ocasión); el punto es que luego de las grandes cruzadas en contra de los seres de las tierras oscuras, muchos ganamos, de una u otra forma, el derecho a poder expresarnos libremente, y lo más importante, a poder tener una opinión diferente al resto, a poder decidir por nosotros qué queremos y que no.

Finalmente, que puedo decir en un reino donde no se puede disentir, que no se pueden difundir opiniones divergentes a las ya establecidas y repetidas una y otra vez por los sangres azules, y cuidado, no debemos olvidar que una mentira que se repite mucho, termina convirtiéndose en realidad. Estimados, probablemente esto me traiga algunas consecuencias, pero creo que es mi deber como ciudadano aportar con humor al debate con altura de miras. La sana discusión, sin dudas que nos ayuda a elevarnos como personas, en un régimen democrático.